por Rubén Aragón
En los tiempos que corren es muy corriente evitar gastos innecesarios. Imprimir lo imprescindible, sólo en blanco y negro, y aprovechar los momentos de luz para encender pocas bombillas son algunos ejemplos. El equipamiento informático viene a ahorrar trabajo y, por ende, costes. ¿Está cumpliendo su cometido?
La implantación, mantenimiento y actualización de sistemas conlleva un esfuerzo económico. Uno de los mayores costes es el de las licencias. La instalación de aplicaciones de distinta índole trae consigo un coste de licencia que nunca es bajo. Una buena práctica que se viene haciendo en administraciones públicas de todo el mundo es la progresiva implantación del software libre.
Bolivia promulgó en 2011 una ley por la que abre el camino hacia una migración total del Estado y Brasil es el primer gobierno mundial en desplegar masivamente software libre en la administración pública. Centrándonos en España, la pluralidad en cuanto a comunidades autónomas se ha traducido en la aparición de multitud de distribuciones distintas de libre licencia: LinuxGlobal (Cantabria), mEDUXa (Canarias) y las más conocidas, LinEx (Extremadura) y GuadaLinex (Andalucía), son sólo algunos ejemplos.
A este respecto, el informe de Cenatic (Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las TIC basadas en fuentes abiertas) de diciembre de 2011 nos trae dos importantes conclusiones:
- La falta de profesionales expertos es notoria y una barrera clave para una adaptación más generalizada.
- Siguen existiendo problemas de migración y faltan adaptaciones a soluciones específicas de software.
Se hace evidente la necesidad de dar una solución formativa a esta demanda emergente. En las escuelas australianas se dedica una parte horaria a enseñar qué es eso de Linux, algo que ya se hace en colegios españoles implantando sistemas operativos de este tipo. La pregunta es: ¿cuándo se aplicará en las empresas? En septiembre de 2011 el Instituto Nacional de Estadística nos traía la primera medición objetiva: el 75% de las empresas españolas ya lo hacen.
La gran barrera a saltar es la falta de conocimiento. Pareciera que, al ser un software mal llamado “gratuito”, tiene carencias en comparación a sus competidores, lo que nos hace pensar en un cierto analfabetismo digital. Sin embargo, estas alternativas no tienen nada que envidiar y, muy al contrario, pueden sacar pecho de tener más y mejores posibilidades. Desde este espacio, propongo el siguiente calendario de migración a un sistema basado en el software libre:
- Un primer paso es la sustitución de navegadores y clientes de correo. Un pequeño curso que muestre las tareas más rutinarias es más que suficiente para pasar este trago.
- Una vez perdido el miedo, vendría la implantación de suites ofimáticas. Seguro que al principio no podemos realizar documentos muy elaborados. Es básico plantear un plan de formación en este punto. Lo que se ha ahorrado por una parte se invierte así en conocimiento de los empleados, algo que perdura en el tiempo.
- La sustitución del sistema operativo es un momento clave. En equipos obsoletos, el ordenador tiene problemas evidentes al arrancar el sistema operativo y sus aplicaciones con agilidad. Este período de adaptación será más complicado y la necesidad de formación se hace imprescindible. La implantación en el resto de equipos será cuestión de tiempo.
- El último paso hacia una migración completa será el de aplicaciones más complejas: bases de datos, retoque fotográfico, servidores web y de correo o sistemas de seguridad. La formación de los administradores de sistemas debe hacerse a conciencia; se trata de aplicaciones críticas que sólo ellos manejarán, además del mantenimiento de los pasos anteriores.
Parece una solución factible en pymes, que tienen que mirar hasta el último céntimo. Nadie dijo que software libre sea sinónimo de gratis, o que su rentabilidad venga de sus carencias. Es una ventaja competitiva a medio plazo que ya usan muchos países. La formación bonificada y el e-Learning vienen a ayudarnos en la tarea. Teniendo en cuenta que los bonos en este tipo de formación sólo son válidos durante el año siguiente a su cotización, parece una oportunidad para ponernos manos a la obra. Un buen momento para el cambio.

