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Los MOOC y su modelo de negocio: ¿dónde está el ROI?

Los MOOC y su modelo de negocio: ¿dónde está el ROI?

Como decíamos en un artículo el pasado mes de diciembre, a los MOOC les queda mucho camino por recorrer. Tras ir sonando poco a poco durante los últimos años, 2012 fue el de la eclosión de estos cursos masivos, abiertos y en línea, dándose a conocer al gran público a través de su adopción por parte de prestigiosas universidades y, especialmente, gracias al surgimiento de multitud de plataformas destinadas a acoger con los brazos abiertos los programas nacidos bajo esta modalidad de formación.

Coursera, edX, Udacity, UniMOOC, Miríada, OEDb, CourseTalk… son sólo algunos ejemplos de cómo ha evolucionado este fenómeno en el que el e-Learning da un paso al frente y cambia para adaptarse a los nuevos requisitos de una sociedad que, cada vez más interconectada, demanda métodos y dinámicas que cumplan con los nuevos hábitos del ciudadano 2.0. Todas estas plataformas, nacidas para gestionar MOOC, han ido llenando huecos y cumpliendo con la labor de diversificar temáticas y posibilidades de acceso, acogiendo cursos muy variados y en múltiples idiomas, aunque el inglés siga siendo el predominante.

Pero… vamos a lo que nos interesa en este artículo. ¿Hay o no hay modelo de negocio tras los MOOC? Porque una cosa sí está clara: aunque estos cursos se ofrezcan de forma gratuita para el alumno, no dejan de suponer un coste para la entidad que los imparte. Elaboración de contenidos, dedicación del profesorado, utilización, gestión y mantenimiento de las plataformas… son aspectos que requieren una inversión que, con el modelo actual, no sabemos si se está recuperando. Así pues, ¿qué tipo de compensación están recibiendo las universidades que ofrecen el contenido y las plataformas que los acogen?

Por el momento, parece que la línea que más fuerza va cobrando es la de implantar modelos freemium: el curso se ofrece de forma gratuita pero, si el alumno que lo finaliza desea obtener una certificación académica que refleje los conocimientos adquiridos, debe abonar una cierta cantidad para recibirla. Esta idea casa bastante bien con muchos de los servicios de la Web 2.0 y, por ejemplo, está resultando todo un éxito en el mercado de las aplicaciones móviles. En el de la formación online, en cambio, plantea algunas dudas, principalmente porque el número de alumnos que finaliza un MOOC tiene poco o nada que ver con las abultadas cifras de inscritos: algunos estudios hablan de menos del diez por ciento. Pero de ese diez por ciento, ¿no cabe pensar que saldrá uno mucho más reducido a la hora de abonar una certificación?

Algo similar utilizando el modelo freemium, pero que no dependería de las cifras de finalización, sería la implementación de itinerarios paralelos y enriquecidos en los MOOC. Así, un mismo curso podría permitir al estudiante, en determinado momento, elegir entre varias líneas formativas: una básica pero suficientemente interesante, destinada a mantener el carácter de gratuidad; y otras de pago, en las que el alumno abonaría una cierta cantidad para acceder a especializaciones.

Estas ideas no son las únicas, lógicamente. Otras menos innovadoras, como la financiación a través de la publicidad o los sistemas de patrocinio online, también están siendo estudiadas. Al fin y al cabo, debemos tener en cuenta que algunos de estos MOOC llegan a reunir a cientos de miles de personas en torno a un curso. Una cifra nada despreciable para el mercado publicitario, aunque no parece que, por el momento, sea la línea que se pretende seguir para justificar la gratuidad de este modelo de formación.

Finalmente, quedan iniciativas como la adoptada hace unos meses por Coursera, que anunciaba su servicio de reclutamiento de talento como una forma de ofrecer valor añadido a las empresas. Y es que, si lo pensamos bien, los MOOC terminan constituyendo enormes bases de datos, en las que grandes profesionales esperan ser descubiertos tras demostrar sus conocimientos y habilidades en uno o varios cursos. Eso sí, esta modalidad parece encajar bien entre las plataformas destinadas a la impartición de los MOOC, pero… ¿qué pasa con las universidades que aportan el contenido? ¿Necesitan crear sus propios equipos orientados a reclutar talento para que empiece a vislumbrarse el ROI?

Éstas son sólo algunas de las ideas planteadas hasta el momento, si bien es cierto que, al menos por ahora, la línea del beneficio en los MOOC continúa sin estar clara. Probablemente no debamos precipitarnos, sino esperar a ver la evolución que continúa marcando esta tendencia en los próximos meses. ¿Cómo lo veis vosotros? ¿Creéis que el camino más acertado irá por una de estas vías? ¿O conocéis otras que apuntan mejores maneras? Como siempre, estamos deseando leeros en los comentarios :)

Redacción

Equipo de Redacción de Cuadernos de e-Learning, el blog de Formación Digital.

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Categoría: e-Learning, Formación