Para muchas personas que desean formarse, tanto a nivel académico ahora que muchos jóvenes están completando sus preinscripciones universitarias, como en el ámbito profesional de cara a reciclar conocimientos y alcanzar o mejorar un puesto laboral, elegir el curso o el programa más adecuado no siempre es fácil. Existen multitud de opciones en el mercado y, aunque bien es cierto que en ocasiones es sencillo distinguir la buena formación de la no tan buena, no lo es menos que a veces nos encontramos ante la indecisión que nos plantean dudas como la utilidad práctica de adquirir determinados conocimientos, las salidas (o posibilidades de mejora) profesionales que tendremos, el nivel de información con que contamos, la vocación que podremos demostrar en el futuro, la metodología que mejor calidad/precio/resultados nos ofrecerá, etc.
Estas cuestiones, y otras muchas que pueden venir a nuestra mente a la hora de decidir qué formación cursar, son perfectamente lógicas sobre todo en un momento como el actual, donde necesitamos minimizar el gasto y maximizar el resultado. Por eso, desde aquí queremos echar una mano en la medida de lo posible, y hemos pensado en cinco consejos para elegir formación de manera práctica. ¡Aquí van! ;)
La información es poder
En ocasiones tenemos una visión parcial del área sobre la que queremos formarnos. Todos conocemos familiares y amigos que han hecho tal o cual curso, o que trabajan en un ámbito determinado y que, para bien o para mal, ven las cosas desde su punto de vista, necesidades y experiencia, lo que no necesariamente tiene que adaptarse a nosotros. Por eso, lo mejor es informarse de primera mano a través de la institución o empresa que imparte ese programa que nos interesa, sondeando a fondo todos los aspectos sobre los que tengamos dudas. Paralelamente, conviene hacer una buena búsqueda en la web, ver temarios similares, su duración, qué variaciones introducen unos respecto a otros, cuáles hacen más hincapié sobre las áreas que más nos interesan, etc. Las opiniones de nuestros conocidos, junto a la información que obtengamos por nosotros mismos a través de estos medios, nos ayudarán a crearnos una idea mucho más cercana a la realidad.
Mírate al espejo
Muchos pensaréis que informarse tal y como acabamos de comentar es el primer paso a la hora de buscar un curso apropiado a nuestras necesidades, pero… un momento… ¿Cuáles son esas necesidades? ¿Esa formación es la que mejor se adaptará a mí? A ver, a ver… y yo… ¿en qué destaco? En realidad, estas preguntas y otras muchas son lo primero que debemos abordar, ya que, si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a elegir algo que sea realmente bueno? Te proponemos que hagas un ejercicio de reflexión sobre tus cualidades, aptitudes, puntos fuertes, debilidades… Si ya tienes experiencia profesional, trata de pensar en qué tareas has sido más productivo y eficiente, y cuáles necesitas mejorar. Si, por el contrario, esperas que este curso sea un trampolín para encontrar tu primer empleo, establece tu baremo en función a tu formación previa: ¿en qué destacabas más? ¿Eres un “crack” de la informática? ¿Hablas inglés hasta por los codos? ¿Lo tuyo son los números y las cuentas? Cuando sepas exactamente “quién eres” y cómo puedes ayudarte a ti mismo mediante la formación será cuando de verdad puedas mirar a la oferta de cursos a tu alcance con perspectiva.
Sondea el mercado
Un clásico, ¿verdad? Especialmente en los tiempos que corren, la formación para el empleo es una aliada muy potente si estás desempleado. Por eso conviene dedicarle a este punto una atención especial. No vale simplemente con atender a los tópicos, ya que en muchas ocasiones éstos se basan en estudios globales que pueden o no adaptarse a tus circunstancias, expectativas y necesidades. Nosotros te proponemos que vayas más allá y, a la lectura de estas encuestas sobre empleabilidad, le sumes también tu propio estudio de situación. Por ejemplo, una buena idea es que te dediques durante dos o tres semanas a sondear las ofertas de empleo que, sobre el sector del curso que quieres hacer, surgen a tu alrededor. Y no nos referimos solamente a la web. Los portales online son, sin duda, un potente aliado en esta búsqueda, pero no te olvides de otros recursos muy útiles: grupos y empresas en LinkedIn, grupos de Facebook, redes sociales especializadas, sección de empleo de diarios (impresos y digitales), empresas de trabajo temporal, consultoras de recursos humanos… Hasta darte una vuelta por el INEM y ver las ofertas que hay por allí puede ayudarte. También sería oportuno que identificaras unas cuantas compañías del sector (potenciales empresas en las que podrías trabajar al terminar el curso), le echaras un ojo a su sección de RRHH e, incluso, llamaras interesándote por posibles procesos de selección abiertos. Todo ello te permitirá tener una mejor idea de las oportunidades laborales que ofrece la formación elegida y, en el peor de los casos, puedes recoger algunas pistas sobre aspectos complementarios que podrían ayudarte a ser un candidato más completo.
Recursos, recursos y más recursos
Cuando quieres formarte, está claro que la gran mayoría de los conocimientos que esperas adquirir tienen que venir del programa al que aplicas. Sin embargo, en todo proceso de formación hay una parte de aprendizaje informal en el que tenemos mucho que aportarnos a nosotros mismos. Lógicamente, y aunque en Internet hay información sobre áreas muy variadas, no todas las especialidades se tratan de igual manera. Por eso puede ser interesante que ojees blogs, portales de noticias, redes sociales… para configurarte tu propia red de fuentes de información complementarias al curso que vayas a realizar. Eso te permitirá, tanto durante el desarrollo del programa como a su término, estar siempre actualizado mediante noticias, guías prácticas, tutoriales, herramientas útiles, etc., que podrán valerte para sumar conocimientos a los que te aporte el curso.
¿Carrera de fondo o sprint?
No es lo mismo realizar un curso de unas pocas horas, eminentemente práctico, que un programa largo que nos ocupará varios meses entre teoría y práctica. No porque uno sea mejor o peor que el otro, sino porque dependerá de nuestras necesidades en el momento en que nos encontremos. Por eso, a la hora de elegir la formación que queremos, es bueno elaborar una especie de cronograma o calendario donde contemplemos fechas de inicio y fin, días que habría que acudir a clase (si es presencial) o que le podremos dedicar al estudio (tanto si es online como si no, siempre que lo compaginemos con otros compromisos), así como otros aspectos que nos ayuden a organizarnos. De esta manera nos aseguraremos de que la formación elegida encaje perfectamente con el resto de responsabilidades que llevemos adelante, logrando que sea lo más útil posible.







